miércoles, 8 de abril de 2009

Una de dos

Una de dos. O salio buena del alma, buena del corazón, o sencillamente me encuentra weón.
La Paola escribió hace algún tiempo sobre el juego Cocorico Cocoricó. Bueno, el jueguito no para y todas las santas noches hay que jugarlo. Con el tiempo la Emilia y la Pita se han hecho bien buenas para el juego, sobre todo la Emilia que es seca pa' las gallinitas y es capaz de en un turno sacarnos la cresta a todos.
Pero hace un par de días empezamos a cachar que no estaba jugando a ganar, como que se equivocaba. Mientras, con la Paola tratábamos de controlar las cagás que se mandaba la pita y perdíamos concentración en el jueguito. Pero La Emilia seguía equivocándose. Hasta que empecé a cachar que cada vez que se equivocaba, me miraba. Y claro. No se estaba equivocando: daba vuelta la ficha que yo necesitaba al siguiente turno, para que me acordara y pudiera avanzar. Y pese a que yo avanzaba, ella seguía equivocándose, hasta que yo ganara. La encaramos y le dijimos que no, que no se hacía y que ella tenía que hacer su juego, que yo hacía el mío. Siguió jugando, pero equivocándose sin soplar las mías.
Y ayer nuevamente jugamos y volvió a lo mismo cuando veía que yo no avanzaba. La retamos, ya medios enojados, por este asunto del no hacer trampa, y le dijimos que jugara bien, que no se hacía eso. Su respuesta fue linda: "es que quiero que gane mi papá", con una vocecita que decía claramente que quería que ganara este pobrecito. Ahí le dijimos que no, que no era justo para la Dominga y la mamá, que ellas también querían ganar, pero que ella con eso hacía trampa. No hizo más que tocarle su turno después del reto y nos voló la raja. Dio vuelta como 20 fichas y no se equivocó en ninguna. Ganó, pero ella me abrazó y me dijo que quería que yo ganara.
Que quede claro que weón no soy, aunque no sé qué piensa ella. Si me concentro, se las vuelo a las tres, pero la Pita se manda cagás siempre y hay que arreglarle las fichas, sentarla bien, etc, y uno termina perdiéndose del juego. Pero la Emilia (la emilita como se autodenomina ahora), tiene corazón de abuela y quiere ver a su padre ganador.
Hoy volvimos a jugar, pero esta vez sin la Paola, que tuvo que salir. Jugamos concentrados y a ganar. Les di una paliza a la Emilia y la Dominga. Y cuando gané, ella dijo: "baila, papá, baila". Ahí entendí más el asunto. Resulta que cuando gano, me paro rápido y empiezo a bailar y cantando digo algo así como "se las volé, se las volé". Me paré y baile. Y qué hizo la Emilia? Se paró en su silla y me dice sonriendo "Papá, por favor, un abrazo".
La recontra amo.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Con Fonasa era peor


Sencillamente hay cosas que uno no entiende ni se explica. Y menos cuando tu hija pareciera por minutos no serlo. Sucedió así. La Emilia tenía hora de control con el traumatólogo en la Clínica Santa María. Entramos los dos porque la Paola se quedó afuera con la Pita. Tras el saludo inicial, comenzó la pesadilla.
-Hola, doctor. Emilia, saluda al doctor

-(silencio).... papá me puedo sentar acá.

-Emilia, saluda al doctor, te dije.

-Pero me quiero sentar acá.

-No siéntate acá, porque yo me voy a sentar ahí.

(se sentó donde le dije)

-Doctor, bueno, venimos al control de seis...

-papá, papá, quiero decirte algo...

-¡Emilia! Cómo le decía doctor...

-pero papá es que quiero decirte una cosa.

-...es el control, y ha estado bien, con algunos dolores como los que tenía...

-¡papá! ¡papá! ¡papá! ¡papá! ¡papá! ¡papá! ¡papá! ¡ppppaaaaaaaaaaappppppppáááááááá!!!!!! ¡cállate, cállate, calláte!

-¡Emilia, estoy hablando con el doctor!

-¡me hago pipí! ¡me hago pipí! ¡me hago pipí! ¡me hago pipí! ¡me hago pipí!

-¡Emilia! Ya eres grandes y te puedes aguantar un poco. Como le decía doctor...

-¡papá! ¡papá! ¡papá! ¡papá! ¡papá! ¡papá! ¡papá! ¡ppppaaaaaaaaaaappppppppáááááááá!!!!!!

-Y eso doctor, los dolores han sido como los de siempre.

Hasta ahí el doctor sólo miraba. Para los fanáticos de Friends, acuérdense del doctor que le sacó las guaguas a Phoebe, el que estaba obsesioinado con Fonzie... La misma cara de weón.

-Y dígame, señor, ha hecho los ejercicios

-Ehhhhh

-¡Ah!, me voy a sentar acá atrás.

Y partió a sentarse atrás en la camilla. Se encaramó y cuando yo iba a empezar a hablar nuevamente o el doctor (a esa altura ya no pescaba que weá pasaba entre él y yo), la Emilia lanza:

-¡Me voy a hacer pichí aquí! (sentada como rana arriba de la camilla)

-Mire, aprovechemos que sentó y justamente es lo que ella no tiene que hacer. (Ahora le habla a la Emilia). Mira te voy a dar una explicación para niña inteligente...

Y empezó a hablarle de cómo tenía que sentarse, de los ejercicios que debía hacer, porque tiene las rodillas para adentro, y bla, bla, bla. La Emilia parecía haberse calmado y se reía cuando el doctor le tocaba las caderas. Ya todo parecía normal. Hasta que se me ocurrió hablar.

- Y doctor, tendría que usar plantillas?

Entonces me dice que no y le dice a la Emilia que se baje y se suba arriba de esas cajitas de vidrio y espejo para ver el pie plano. Esta se subió al tiro y el doctor se agachó. También me hizo agacharme a mi para tocarle el pie a la Emilia y quedamos más abajo que ella. Y como esa tarde estaba detinada a su numerito, empezó a mirarle el pelo. Yo la caché y pensé: "esta le va a decir que está pelado o tiene el pelo blanco". Me equivoqué. Levantó su mano y le empezó a hacer cariño en el peño y de repente movió su mano con fuerza y lo chasconeó entero.

-¡¡Emilia!!

-¡Oye, estai todo chascón! (con tono de enojada)

-Sí, pues, es que tú me estai sacudiendo el pelo.

Y mientras le decía eso empezó a mirarlo más feo, como arriscando la nariz de asco.

-Tenís alergia en la cabeza...

-.... (yo, con cara de weón)

-Es que tengo unos cueritos que se me están saliendo por el sol, porque me quemé.

Y se paró el doctor, no me dijo nada más, anotó unas cosas en la ficha del computador, llamó al otro paciente por citófono, me firmó el seguro y me despachó rapidito para seis meses más.

-Ya, Emilia, despídete del doctor, dale un besito.

Se lo da y yo le doy la mano. En eso abro la puerta ("vamos, Emilia"). Y como no salió rápido, avancé yo primero y cuando voy a empezar a cruzar la puerta, miro atrás y veo a la Emilia mirando con cara de asco y enojo el poto del doctor...

...Levantó su manito izquierda, abrió sus deditos y le dió el tremendo agarrón en el poto al doctor.

-¡Oye, tenís el poto muy gordo!

Estiré la mano atrás, la tomé del brazo y nos fuimos.

No volví a mirar atrás.

¡Adivinen quién va a entrar en seis meses más!

martes, 4 de marzo de 2008

Campeona

No tengo idea de cómo te estará yendo en estos momentos, pero estoy seguro de que irás bien...

Ya llegó tu primer día del colegio, tan lejano que lo veíamos con tu mamá. Y llegó rapidito. Y tú tan contenta que estabas, desde que diste tu examen y nos mostraste que estabas para las grandes peleas y que no le temías a los nuevos desafíos. Y te aguantaste un año para este día...

Te levantaste tempranito, de noche estaba, y no te arrugaste para bajarte de la cama de un tirón. Y aunque mareada por el sueño, te fuiste rapidito a tomar la leche.

No tengo idea cómo tu mamá me dejó, pero me tocó vestirte en tu primer día de colegio. Te puse tu disfraz, como le dijiste más rato a la Patty por teléfono, y te veías hermosa. Ya le aprenderás a decir uniforme, pero da lo mismo, lo importante es que te veías como la princesa que siempre quieres ser.

Hoy estaba ansioso. Yo era de los ñoños que le gustaba el primer día de clases. Casi lo viví contigo. Quería que los minutos pasaran rápido para dejarte en tu sala...

No tenía miedo, porque tu tampoco lo tenías. Estaba muy seguro de que te portarías como lo hiciste, que entrarías segura, con ganas y saludando sin problemas. No sabes cuánto me complicó no poder estacionarme y bajarme contigo, pero por suerte encontré algo rápido y me fui corriendo para alcanzar a sacarme una foto contigo antes de que entraras al colegio. Sólo ahí quise llorar, pero por lo linda y grande que te veías.

Y te fuiste a tu sala de la mano de la mamá, entraste rapidito, dejaste tu mochila y hasta le preguntaste a tu "miss" dónde estaba el baño, porque quería empezar tu jornada sin que nada te incomodara. Y te sentaste sin problemas, agarraste un puzzle que no era fácil y te animaste a armarlo.

Y nos sacaron rapidito las "misses", así es que te despediste sin problemas, con una sonrisa y parecía que nada te afectaba. Había niños que lloraban y tú los mirabas extrañada. Seguramente querías ayudarlos como yo te lo había pedido, pero claro, era difícil. No importa, ya lo harás.

Eres una campeona. Y no importa si te portas mal o te pones llorona. Eso no me complica, porque eres una niña y tienes todo el permiso del mundo para crecer de a poco y como quieras. Con tu mamá nos encargaremos de ponerte los palitos que te ayuden a seguir derechito. Tú, sigue así, porque cuando las cosas son importantes y de verdad, me has demostrado lo grande y maravillosa que eres. Estás creciendo y a veces tus ramas pueden ser rebeldes, pero tu tronco y raíces están hechos para las grandes batallas. No importa el jardín , los cambios de niveles, los actos, dejar el chupete, los pañales, el dentista, el peluquero, los doctores o los exámenes de colegio. En tus grandes pasos, tú eres de verdad, una campeona...

lunes, 10 de diciembre de 2007

Navidad


Nunca escribo tanto, pero esta vez no es chiste.
Soy hincha número uno de la Navidad. Hay una parte de mí que todavía cree en el Viejito Pascuero y el sólo acordarme de mi infancia y cada mes de diciembre se me pone la piel de gallina. Quizás deben ser los momentos familiares que más recuerdo.
Mi Navidad comenzaba temprano en diciembre, con armar el arbolito de pascua. Me gustaba nuestro arbolito, bien cargado de adorno luces y con un buen espacio para ir dejando los regalos. En mis navidades, el único que creía en el Viejito Pascuero era yo, porque mis hermanas ya estaban grandes y siempre siguieron el juego para mí. Siempre les voy a agradecer que no me rompieran esa ilusión. Y si alguna vez lo hicieron, creo que mi mente estaba suficientemente convencida de lo contrario y no archivó ni cuestionó “la mentira”.Y el espacio para los regalos se llenaba de temprano. El Viejo Pascuero me traía regalos a mi, pero entre nosotros nos hacíamos regalos. Y me daban plata para comprarles a mis hermanas y papás. Y cuando todos íbamos comprando los regalos los dejábamos en el árbol. Yo me emocionaba de ver cómo se llenaba de paquetitos. Y los ordenada: atrás los grandes, adelante los pequeños. Y al otro día abajo los grandes y arriba los pequeños. Y si estaba muy oscuro, ponía lucecitas para que los regalos se vieran. O me preocupaba de que el pesebre estuviera iluminado y cambiaba de posición a los animales, para que no se cansaran. En fin, en diciembre vivía en el living y al lado del árbol.
Pero antes había que limpiar. Mi mamá, fanática de la limpieza, nos agarraba el primer sábado de diciembre a mí y mis hermanas para limpiar la casa. ¡¡¡Y a limpiar la casa, poh!!! Nada de manito de gato. A mí me tocaba desarmar las lámparas del techo con cuidado y desarmarla para lavarlas parte por parte. La alfombra la agarrábamos a escobazos y nada que estuviera en pie, de adorno o fijo en una muralla se salvaba del lavado. Empezábamos tempranito y al atardecer recién estábamos terminando. La casa brillaba.
Luego, el cola de mono. Tradicional en mi casa hacer este brebaje , con anticipación. Nada de comprarlo en el supermercado, porque ése era como las weas. Capaz que haya uno bueno hoy por ahí, pero me enseñaron de chiquitito que sólo el nuestro era rico, así es que nunca pude sacarme la cara de weón cuando en otro lado me ofrecen un “un cola de mono rico”. En fin. Ahí aprendí a hacerlo, ayudando a mi mamá, echando seis litros de agua a hervir con ramas de canelas, clavos de olor, una nuez moscada molida en el instante y una trola de vainilla, nada de esencias líquidas. Quedaba una weá recochina, pero con un olor que quedaba en la casa por varios días. Había que dejarlo reposar de un día para otro. Muchos años después, la Paola cuidaba a mi sobrino Benjamín y encontró bien cara de raja que le dejaran un par de ollas con agua cochina para lavar y decidió botar esos líquidos al lavaplatos y lavar ollas. Que cagó fue el Benja que tuvo que recorrer toda La Cisterna buscando los ingredientes porque la Paola, tras cachar que la había cagado, ya veía que mi mamá la mandaba a la chucha. Llevábamos como 3 meses pololeando. Volviendo al cola de mono, al otro día había que colar el agua con paños de cocina, ya que un colador deja pasar todas las especias. Y luego echarle leche condensada, café y el agua ardiente. Ahí echarlas en las botellas que juntaba mi mamá en el año y que yo tenía que lavar el día antes. De ahí weón que llegaba, cola de mono. Y tenía que encontrarlo rico. Sólo el de mi abuelo podía ser mejor, que era básicamente lo mismo, pero con café de grano.
No hacíamos pan de pascua. Lo hicimos después, grandotes, pero mucha pega.
Cumplidas esas obligaciones empezaba mi Navidad. Lo primero era hacerle la carta al viejo pascuero. Nunca pedí grandes cosas y tampoco la iba a dejar al correo. Yo se la pasaba a mi mamá y listo, sabía que le llegaba al viejo pascuero. No siempre pudieron traerme algunas cosas, porque seguro eran caras, pero nunca entendí porque nunca me trajeron el bus de bus de dos pisos rojo. Luego, la tele. Y me veía feliz todas las series de Navidad, sobre todo cuando ya el 24 estaba más cerca. Casi me pongo a llorar si me acuerdo de Frosty, el mono de nieve; Rodolfo, el reno de la nariz roja; la navidad de Yogui, de los Picapiedras y todas esos monitos con harta nieve, hartos pascueros bonachones y hartas campanas. Nunca me gustaron los villancicos del Canal 13, ahí cambiaba la tele.
Y no sólo era la tele, era ir a limpiar el arbolito y ordenar los regalos, pero con música. En mi casa había cassettes con música navideña en campanas y unos cantados en inglés por los cantores de Ray Coniff. De ahí mi favorita “Let is snow, let is snow” Hace tres años me conseguí toda la música navideña de mi infancia en CD’s. Y no ha sido fácil. Por más que la pongo en la casa, la Paola, grinch, no me pesca. Se me pone la piel de gallina, echo mi mente al pasado y es como si volviera atrás: casi siento el olor a cola de mono, el olor del árbol de pascua, el olor a papel de regalo. Me van a weviar, pero siento el olor de mi casa y con nostalgia recuerdo esas noches del 24 de diciembre, poniéndome la mejor ropa para estar en familia, esperar al tata Oscar, a la Nona,a mi abuelita y empezar a preguntarle a mi papá a qué hora va a llegar el viejo pascuero. Es inmediato, escucho esa música y me acuerdo de la cena. Sólo comíamos dos veces en el año en el comedor del living: Navidad y Año Nuevo. Y sólo en esas ocasiones se ocupaba la vajilla “especial”. Y ya estábamos en el postre y me dolía la guata. Ya eran como las 11 y quedaba muy poco para que llegara el viejo pascuero.
De ahí pa’ delante era escuchar al Nelson y a mi tata que me preguntaban si oía las campanas del trineo, que se estaba acercando y yo casi me ponía a llorar de la angustia, angustia o expectación que siento ahora si me acuerdo. Y ya no quedaban ni 10 minutos y me paseaba por toda la casa. Todos sentados en el living viendo la escenita de este pastel. Hasta que llegaban las 12, y alguien golpeaba la puerta gritando “jo, jo, jo, jo!!!”. Me tenían que agarrar para no abrir la puerta, hasta que me soltaban. Abría y ahí estaban todos los paquetes. Grandes a veces, chicos en otras. Daba lo mismo, eran los regalos del viejo pascuero y empezaba la fiesta de abrirlos. Pero no empezaba al tiro, los entraba y empezábamos todos a entregarnos los regalos del árbol, con abrazos, risas, y más cola de mono que repartía mi mamá.
Muy grandote, a los 12 años, supe que era mentira. Ya no estaba mi papá, que era el que salía por la puerta de la cocina a buscar los regalos a su escondite. Se daba la vuelta, me los ordenaba en la puerta del frente y golpeaba la puerta con la risa del pascuero. Me atajaban para que él alcanzara a arrancar. Yo abría la puerta, veía los regalos y me daba vuelta para compartir mi alegría con todos, y ahí atrás ya estaba mi papá con mi mamá.
La Navidad continuaba yendo al frente a saludar a la Nana y el Taro y recibiendo otros regalos que dejaba el pascuero en su ruta.
Por eso me gusta diciembre y vuelvo a emocionarme, porque hay que armar un arbolito, porque escucho la música de Navidad, porque espero prender la tele y ver a Frosty, porque quiero que la Emilia y la Pita vivan la Navidad como yo la viví y nunca la olviden, porque sigan creciendo y viviendo la Navidad como niños, que cuando estén grandes escuchen un día las canciones que pongo y se acuerden de cuando de las hermosas navidades que pasamos juntos. Por eso hago el cola de mono y quiero hacer galletas de navidad con las monas este año y todos los que vengan; por eso me gustan las navidades familiares, por eso me gusta mostrarle toda la Navidad a la Emilia que está grande y ya entiende más cosas, por eso cada año les hago el mismo show que me hacía mi papá y no quiero que me lo cambien o intervengan, porque es mi forma de volver a vivir mi Navidad. Por eso la Navidad me gusta pasarla en casa, aunque sólo estemos los cuatro, pero viviéndola a concho, marcando tradiciones que al menos, a mí, como ahora, me llenen los ojos de lágrimas de sólo acordarme.

miércoles, 3 de octubre de 2007

Hace 10 años...


Hace 10 años cambiaste mi vida. La hiciste perfecta. Creaste un mundo nuevo que con tu sola presencia le diste sentido a lo que tanto había esperado. Creo que te imaginé en mis sueños, pero esa no me alcanzó a quedar tan hermosa como tú. Quería amarte demasiado, pero mi corazón me enseñó que a tu lado puede crecer y nunca cansarse para que sea demasiado.

Te amo sin límites: cuando tu risa se escapa, cuando te abrazo para dormir en las noches, cuando te ríes de mis locuras, cuando me prometes que vas a cocinar, cuando me miras, cuando mueves tus labios al escribir, cuando quieres leer y terminas viendo tele conmigo, cuando pierdes las fuerzas por las cosquillas, cuando te miro y te entiendo, cuando te enojas, cuando me retas, cuando hablas dormida y me respondes lo que te pregunto, cuando sigues mis obsesiones, cuando estás conmigo, cuando me amas, todos los días.

Han pasado diez años, conocimos gente, perdimos amigos, se murieron unos, nacieron otros, se casaron nuestros amigos, viajamos, peleamos, saliste de la universidad, se acabó Don Balón, compramos una casa, entraste a trabajar, digo lo primero que se me ocurre, tú te ríes, nos casamos, vivimos en Cañumanqui, llegó la Violeta, perdimos una cámara en Yaldad y la Puta, fuimos al estadio, vimos la final de Australia del Chinos Ríos, eres yeta, nació la Emilia, te convertiste en mamá, en la mejor, extrañaste a tu vieja, la lloraste, me presentaste a la pequeña familia de Valparaíso, me enseñaste a cultivar la amistad, nació la Dominga, y es Pita, ahora jugamos, nunca bailamos mucho, me hiciste hacer un curso de salsa y merengue, me esforcé, casi me dejaste con dos hijas y un perro, tuve miedo, fuíste fuerte, dejaste de fumar, te anduve obligando, corregí tu tesis y la de tus amigas, fue una tortura, me dejaste hacerme caca en un estacionamiento, hicimos nuevos amigos, me regalaste un curso de vino, tú tienes muchos libros de cocina, nos bajó un ataque de lectura y estrujamos a Kundera, Saramago, García Márquez y otros, vimos Lost, te reíste porque lloré con el final de Friends, y luego porque lloré cuando Massú ganó la medalla de oro en las Olimpiadas, y te sigues riendo porque estoy convencido que un día seremos campeones del mundo y que ahí sí que voy a llorar, fuimos a Pichidangui, ya lo extrañamos, le hiciste caso a la Marcela y gracias a eso hoy cumplimos diez años.

Nos pasaron muchas cosas más y deben quedarnos otras tantas. Pero si el 4 de octubre de 1997 te dije que había algo misterioso que me atraía a ti, hoy estoy convencido de que vas a hacer todo para que nunca lo descubra.

Te amo mucho y gracias por lo que me has dado, por la Emilia y la Dominga, por esta familia que tanto queremos y que es el mejor resultado de estos maravillosos diez añitos...

jueves, 13 de septiembre de 2007

32 cosas que odio, no soporto o no me gustan

1. Pensar que tengo que ir donde no quiero.

2. Ir a un cumpleaños, carrete o lo que sea, que las minas pongan música y bailen entre ellas. Mi molestia aumenta cuando ensayan pasos, y se toman de la mano para bailar.

3. Que una de esas minas diga: "pucha que son fomes, chiquillos".

4. Ver fútbol por la tele con gente. La gente opina. La gente no sabe. Las mujeres (algunas) opinan y mal: "Ya, tírale"; "¡Ah!, ¡Uy!; "Oye, ¿y por qué no tiró a gol? (¡¡¡¡¡Tirar a gol!!!!!, ¡¡¡¡qué weá es esa!!!!); "Es que los chilenos somos muy malos"; "típico del shilenito". Nada mejor que ver un partido solo.

5. El gil que siempre encuentra que lo chileno es malo, como el comentario del partido. "Ah es que la raza es la mala", ¡¡¡Váyanse del país, mierda!!!.

6. La vieja que quiere que le den algo porque es vieja y pone cara de vieja culiá: que le den la pasada, que la dejen subir. A la mierda. Vivan las viejitas con cara de abuelita tierna.

7. Que ensucien la mantequilla con pan tostado, mermelada, miel o cualquier cosa. Lo mismo ocurre que deja marcas de mantequilla en el queso o en el jamón cuando lo cortan. El cuchillo de la mantequilla es para la mantequilla, el de la mermelada para la mermelada y así sucesivamente. Y si hay un cuchillo, se limpia.

8. La música de Silvio, Violeta Parra, Pablo Milanés. Sí, ódienme.

9. Ergo, los asados que terminan con guitarra y cantando a esos personajes.

10. La gente que deja los cachos de la pizza.

11. Las mamás o papás que retan a los cabros chicos en el supermercado o en el mall porque se les perdieron. ¿Quiénes estaban paveando?

12. Que me cambien los planes. Mi problema no es con quién me los cambia, si no tener que cambiarlos. Pero se me está pasando.

13. Ir a reuniones para rellenar. Típico que te preguntan algo y no cachai nada.

14. Los maracos yeguas. Los que te hablan de linda o lindo, son cursis. ¿Por qué no son como los maracos que no se les nota? Y no para que pasen piola, porque tengo amigos maracos bien hombrecitos por así decirlo.

15. El tomate. Si está solo, definitivamente tenemos un problema entre el tomate y yo.

16. La farándula como fenómeno social y de entretención.

17. La farándula en el fútbol.

18. Rafael Araneda.

19. Programas que triunfan y que nos hacen creer que son buenos porque la gente los ve: Rojo, Vértigo, etc.

20. Trotar.

21. A los prepotentes.

22. A los que miden el éxito, la capacidad y las amistades por el dinero.

23. A los egresados de ingeniería civil que creen dominar el mundo, sabérselas todas y son cretinos.

24. A los oportunistas.

25. A los que dicen "no vi tu e-mail porque estaba ocupado".

26. Al mundo publicitario y de comunicación estratégica que habla de "brief" ("te mando un brief para que lo entiendas todo"), "brochures" ("te parece si preparamos un brochur"), "brand" ("quiero un evento bien brandeado"). Parece que así quedan mejor las cosas.

27. No me gusta la Sprite.

28. Tampoco el té. Y menos con leche.

29. Odio el aceto balsámico. El sabor y el olor.

30. Me cargan que traten mal a la gente que ocasionalmente nos sirven: vendedores, nanas, garzones, auxiliares, juniors, etc. No soporto que haya gente que desde el comienzo se ponga un escalón social más arriba. ¿¡Qué se creen?!
31. Los que a estas mismas personas les alegan como hábito: siempre le encuentran algo malo, siempre pudieron hacerlo mejor, siempre los wevean. ¿¡Dónde está la dignidad?!
32. Los que siempre alegan, los que llaman a los jefes de alguien, los que devuelven platos de comida. (Entiendo que a veces es necesario hacer estos reclamos, porque también hay weones puntuos).

jueves, 6 de septiembre de 2007

Ya poh, mi música


Al grano:
-Duran Duran: Todas, pero un ícono será siempre The Reflex. ¿Otras? Wild Boys y Hungry Like a Wolf.
-Poison: Every Rose Has its Thorn, Ride The Wind y un ícono como Rock And Roll All Nite.
-Sting: Field of Gold, English Man in New York, The Cowboy Song, All This Time, If you love Somebody.
-The Police: Roxanne, Every Breath You Take, Don't Stand So CLose To Me.
-INXS: New Sensation, What Tou Need, Suicide Blonde, Mystify.
-Chicago y Peter Cetera: If You Leave me Now, You're The Inspiration
Luego hay canciones que marcan momentos:
-Sweet Child o' Mine, de Guns n' Roses (en realidad entran otras como November Rain o Live And Let Die).
-Love Somebody, de Rick Springfield
-Dancing in the Dark, de Bruce Springsteen
-I Wanna Hace Fun, Cindy Lauper
-Only the Yung, Journey
-More Than a Feeling, de Boston (también Amanda es buena)
-When It'a Love, de Van Halen (y también I Can't Stop Loving You)
También me gusta Norah Jone, Sarah, McLachlan, Bee Gees, Abba.
Tuve mi lado ñoño y le compré todo a Debbie Gibson (se acuerdan de Foolish Beat oLost in Your Eyes ¡y hasta Electric You) y Tiffany (¿cuál era la típica? ¿Radio Romance ?)
Hay otras ridículas como Endless Love de Lionel Richie y ¿Diana Ross?
Todo eso, definitivamente, me lleva a mi adolescencia.